Ser menos reactivos para tener más salud.

Hay una filosofía de vida que me ha marcado desde que la escuché, y aunque no siempre es posible, intento aplicarla siempre que puedo.


Cuando nos pasa algo desagradable en nuestras vidas; tenemos dos opciones, dos caminos a elegir. Nada más dos:

  • Hacer de la situación lo peor posible, tomar el camino llamado "El Peor Escenario", dejarnos llevar por la corriente de emociones y soltar el timón, que la vida decida, perderle importancia a levantarse y seguir adelante.

  • Comprender que aunque la situación no nos favorece, nos enoja o nos duele, tenemos que reponernos pues tenemos una vida que vivir ¡y es la única que tenemos!  

¿Cual camino vas a tomar?



Bien, dicho esto, hay una actitud pegada a la espalda y a las vidas de tantas personas que no hace más que plagar las calles de gente con el seño fruncido, automovilistas gritandose de coche a coche, señoras jaloneando a sus hijos para que caminen más rápido, parejas haciendo un súper drama a media plaza, en fin, estoy hablando de la Actitud Reactiva.



¿Qué es la actitud reactiva?

Cuando eres una persona reactiva significa que "tienes la mecha muy corta", que "con cualquier cosa te esponjas", que no se te puede decir nada sin que te lo tomes personal, a veces incluso no le pueden decir nada a una persona que esté cerca de ti sin que TU te lo tomes personal, y posiblemente el comentario ni siquiera iba dirigido a herir suceptibilidades.

¿Recuerdas los dos caminos a elegir?


Pues bien, pongamos unos ejemplos para comprender más por qué esta actitud está haciendo estragos en tu salud.

  • Organizaste una fiesta en tu casa y nunca falta esa persona que nunca está contenta con lo que están escuchando, al cabo de un rato la persona ya no se puede aguantar y te dice "Oye, ¿podemos poner mi memoria, reproductor mp3, disco o lo que sea?"

Tienes dos opciones:
1.- Portarte reactivo y decirle "Bueno ¿pero que tú vas a las fiestas a escuchar música o a convivir con la gente?, ¡¿Para qué carajos quieres que todos estemos escuchando lo que a TI te gusta?!"

2.- O respirar, comprender que la persona a la mejor está necesitada de atención y acceder (o negarte) a su petición con la mayor amabilidad posible.

Otro ejemplo que probablemente te ha pasado:

  • Entras a tu Facebook como generalmente lo haces a la misma hora, solo para ver si tienes notificaciones, de pronto recuerdas que hace tiempo no ves ninguna publicación de tal persona, la buscas y cuando entras a su perfil te das cuenta de que te ha eliminado, ¿desde cuando? Quien sabe.

¿Cuál camino?
1.- Empiezas a cuestionarte sobre el abanico de posibilidades o razones por las cuales pudo haberte eliminado, te quedas cavilando al respecto bastante tiempo, incluso pasadas algunas horas te lo sigues tomando como algo personal, "¿Qué le pasa?" (piensas) "¿Cómo pudo haberme borrado?, ¿Qué le hice?" 

2.- Dejas de lado el motivo que pudo haber tenido, no importa, lo importante es que esa persona no te quiere como amigo y está en su derecho así como tú lo estás de eliminar a cuanta persona se te antoje, y puedes vivir con ello puesto que no vinimos a este mundo a caerle bien a todos, pero en serio; es cosa que no te deja pensando todo el día, ni siquiera media hora.


El ser reactivo ocupa tiempo de tu día, te hace menos productivo por que estás pensando en otras tonterías que no valen la pena, hace que te estreses, que te vuelvas una persona ansiosa, después te duele la espalda, luego la cabeza de tanto amasar la misma idea una y otra vez.


Las personas más reactivas se cargan preocupaciones que ni siquiera les corresponden, incluso cuando leen una noticia de "nota roja" sobre algo catastrófico que pasó al otro lado del mundo, se lo toman como si ellos tuvieran un poco de culpa por estar ahi echados mientras pudieran estar haciendo algo para evitar: el hambre, la sed, los abortos, las enfermedades, las sequías y cuanta cosa que en realidad no les corresponde.


El mundo sigue su curso sin que uno pueda hacer absolutamente nada para (por ejemplo) detener la rotación de la tierra, y comprender que una inmensa mayoría de las cosas que pasan a nuestro alrededor escapan a nuestro control mejorará nuestra salud mental y física notablemente.

Solo tenemos absoluto control sobre una cosa: Nuestros pensamientos.
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